Casi nadie llega diciendo «oigo peor». Llegan diciendo que la gente habla bajo, que la tele está siempre demasiado alta para los demás, o que en un restaurante con ruido no se enteran de nada aunque uno a uno los oigan perfectamente.

Esa es la señal que hay que escuchar. La pérdida auditiva empieza por las frecuencias agudas, y las agudas son las consonantes: la s, la f, la z. Por eso se oye la voz pero no se entiende la frase. Y por eso se tarda una media de siete años en pedir cita.

Las señales que sí importan

  • Pedir que repitan a menudo, sobre todo con voces femeninas o infantiles.
  • Confundir palabras parecidas y contestar otra cosa.
  • No seguir una conversación cuando hay ruido de fondo o hablan varias personas.
  • Subir el volumen de la tele más que el resto de la casa.
  • Zumbido o pitido constante en uno o los dos oídos.
  • Cansancio al final del día después de reuniones o comidas ruidosas.

Ese cansancio no es casualidad. Cuando la señal llega incompleta, el cerebro rellena los huecos, y eso consume una atención que acaba pasando factura.

Qué pasa en una revisión auditiva

No duele, no es invasiva y se hace en una sesión. Se explora el conducto y el tímpano, se mide qué intensidad hace falta para que oigas cada frecuencia, y se comprueba cuántas palabras entiendes de verdad, que no es lo mismo.

Ese último punto es el que más sorprende: se puede oír bastante bien un tono puro y aun así fallar en la discriminación de palabras. Un audífono que solo suba el volumen no arregla eso; hay que trabajar sobre las frecuencias concretas donde está el hueco.

Del resultado sale un audiograma. Con él sabemos si hay pérdida, de qué tipo y de qué grado, y si toca adaptar un audífono o derivarte al otorrino, que es lo que corresponde cuando hay dolor, supuración, pérdida súbita o una diferencia grande entre los dos oídos.

Un audífono no se compra: se adapta

Esta es la parte que se cuenta poco. Dos personas con el mismo audiograma no llevan la misma programación, porque lo que necesita cada una depende de su vida: quien pasa el día en reuniones no necesita lo mismo que quien vive solo y ve la tele.

La adaptación tiene tres partes, y saltarse cualquiera de ellas es la razón habitual de que un audífono acabe en un cajón:

FaseQué pasa
ElecciónSe decide el tipo y la potencia según el audiograma, la forma del conducto y la destreza de cada uno para manejarlo
ProgramaciónSe ajusta ganancia por frecuencias. No es «más volumen»: es devolver lo que falta donde falta
AdaptaciónLas primeras semanas todo suena raro, incluidos los propios pasos. El cerebro tiene que reaprender, y ahí hacen falta revisiones y reajustes

Esa tercera fase es la que decide si el aparato se usa o no. Un audífono bien elegido y mal seguido rinde peor que uno sencillo con revisiones.

Los tipos, en dos minutos

TipoCómo esPara quién
Retroauricular con receptor en el canalUn cuerpo pequeño detrás de la oreja y un cable finísimo hasta el conductoEl más habitual hoy: discreto y sirve para casi todos los grados
Retroauricular clásicoTodo el aparato detrás de la oreja, con un molde a medidaPérdidas más importantes y manos con poca destreza fina
IntracanalDentro del conducto, casi invisibleQuien prioriza la discreción, si el conducto y la pérdida lo permiten

La elección no es una cuestión de gama, sino de encaje. Un intracanal precioso que no cubre tu pérdida no sirve de nada.

Ver y oír, en el mismo sitio

En nuestros centros hacemos óptica y audiología bajo el mismo techo, y no es solo comodidad.

Vista y oído se compensan mutuamente: quien oye peor lee más los labios y se apoya más en la vista, y quien ve peor depende más del oído para orientarse. Cuando fallan los dos a la vez —cosa nada rara a partir de cierta edad— el aislamiento aparece mucho antes, y cada especialista por separado suele ver solo su mitad.

Hay además un caso concreto donde esto es determinante: el síndrome de Usher, que asocia retinosis pigmentaria con pérdida auditiva neurosensorial y explica entre el 20 y el 30 % de las retinosis. Detectar las dos cosas en el mismo sitio cambia el diagnóstico.

Preguntas frecuentes

¿La revisión auditiva duele?

No. Es una prueba tranquila: se escuchan tonos a distintos volúmenes y se repiten palabras. No se introduce nada más allá de la exploración del conducto.

¿Hace falta llevar los dos audífonos?

Si la pérdida afecta a los dos oídos, sí. El cerebro localiza de dónde viene un sonido comparando lo que llega a cada lado, y con un solo aparato esa capacidad se pierde, que es justo lo que hace falta en un sitio con ruido.

¿Se nota mucho?

Los modelos actuales son bastante discretos, y los intracanales prácticamente no se ven. Dicho esto, la discreción no debería mandar sobre el resultado: primero el encaje con tu pérdida, después la estética.

¿Cuánto tarda uno en acostumbrarse?

Unas semanas. Al principio se oyen ruidos que se habían dejado de oír hace años —el frigorífico, los pasos, el papel— y el cerebro tiene que volver a filtrarlos. Es normal y pasa, siempre que haya revisiones de por medio.

¿Y si tengo pitidos en el oído?

El acúfeno acompaña con frecuencia a la pérdida auditiva, y muchas veces mejora al recuperar la audición que falta. Si aparece de golpe, en un solo oído o con mareo, hay que ir al médico sin esperar.

¿A partir de qué edad conviene revisarse?

A partir de los 50 vale la pena hacerlo cada dos años, aunque no se note nada. Y a cualquier edad si trabajas con ruido o notas alguna de las señales de arriba.

Dónde hacer la revisión

Puedes pedir cita en cualquiera de nuestras 13 ópticas de Catalunya: Manresa, Granollers, Sabadell, Blanes, Lloret de Mar, Tossa de Mar, Malgrat de Mar, Montmeló, Sant Celoni, Palau-solità i Plegamans y Barcelona.

Y si vas a venir a graduarte la vista, dilo al pedir la cita: se puede aprovechar la misma visita.